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El hombre almohada 1 agosto 2008

Posted by alquimista78 in Cuento, Personales.
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Hace 14 días que me ausento de mi casa. Lo único que extraño es mi cama, no mentira también extraño a ciertas personas como a mis amigos y a Edu (aclaro el orden es totalmente aleatorio).

La cuestión es que la semana pasada estuve en la Falda, Córdoba en una escuela (Biomat) y esta semana en Buenos Aires en un curso de bioinformatica.

Buenos Aires está infectado de Chilenos, levantas una piedra y te encuentras con uno. En donde estoy parando (por San Telmo) el 80% son Chilenos, el resto está repartido entre norteamericanos, ingleses, alemanes, holandeses (me pregunto ¿no venden desodorantes en Holanda?) y yo de acá, bien Arrrgggentino (como decía Jorge Luz personificando a la tota, o era la porota? Bahhh da igual).

A parte del abanico de extranjeros que adornaban la ciudad, lo que hace más colorido a Buenos Aires son los porteños. Por ejemplo en el curso que tomé muchos se descalzaban mientras escuchaban al docente, cuac dije yo; mirá debe ser una moda de los freakys matemáticos, pero nó, en el teatro sentado al lado mío había unos porteños que hicieron lo mismo. Otra cosa que me llamó la atención es que vi a muchos con morral, pero no cualquier morral, uno de cuero de color marrón claro con dos rayas verticales una blanca y otra de un marrón más oscuro. Estuve a punto de preguntarles en donde lo regalaban porque era super habitual en la calle.

Como ya les adelanté en líneas anteriores, ayer por la noche fui al teatro, una de las salidas que más me gusta cuando vengo a Baires.

Vi “The pillowman” y realmente me encanto, de lejos la mejor obra que vi en este año. Me sorprendió Echarry gratamente. No habló de forma jadeante como lo hace en las novelas para hacerse el galán. Carlos Belloso haciendo de retrasado espectacular, creo que otro no hubiera podido hacer tan bien a este personaje. Los policías Carlos Santamaría y Vando Villamil también se destacan en la obra.

Como algunos ya saben amo el humor negro y justamente esta obra juega mucho entre lo cómico (casi absurdo de algunas situaciones) y lo trágico como es el abuso de niños y las consecuencias y las secuelas que dejan en un adulto.

La Historia gira en torno a una situación base: un escritor jóven, Katurian, abre la escena en el momento en que acaba de ser detenido para un interrogatorio por dos policías típicos, llenos de arrogancia, burlas y amenazas. Se lo acusa de haber instigado (¿o cometido?) varios horrendos asesinatos de niños que involucran también a su hermano Michal, débil mental. Katurian escribe cuentos tétricos, breves alegorías que parecen nutrirse de la sustancia tradicional del relato para chicos pero que encierran en su devenir y remate una viscosa perversidad. Los policías atesoran todos los originales y los han usado como pistas para recorrer un intrincado sendero psicótico. Sus conclusiones y los recuerdos del Katurian remiten a escenas complementarias -pero no secundarias- donde los padres de ambos hermanos, la triste enfermedad de Micha y por encima de todo, la muerte son protagonistas. (Por Rómulo Berruti)

Uno de los cuentos que se relatan en la obra es el que le da, justamente, el nombre a la misma “El Hombre almohada” y se los paso a contar:

Había una vez… un hombre, que no se parecía a los hombres normales.

Medía casi 2 mts. Y medio de alto y estaba totalmente hecho de almohadas esponjosas color rosa; sus brazos eran almohadas, sus piernas eran almohadas y su cuerpo era una almohada. Sus dedos eran pequeñas almohaditas y su cabeza era una gran almohada redonda. Sus ojos eran como dos botones y su boca era grande y sonriente. Hasta se le podían ver los dientes, que también eran pequeñas almohaditas blancas.

Bien, el hombre almohada tenía que verse suave y seguro porque su trabajo era muy triste y difícil…

En los momentos en los que alguna persona estaba muy triste porque había tenido una vida atroz y solo quería terminar con ella; sólo quería quitarse la vida para así deshacerse del dolor, con una hoja de afeitar, con una bala, inhalando gas, o saltando de algún lugar muy alto … Exactamente en ese momento, el hombre almohada lo encontraba, se sentaba a su lado, lo abrazaba suavemente, y le decía: -“Espera un momento”- y extrañamente el hombre almohada volvía el tiempo atrás, cuando esa persona era apenas un niño y la vida horrorosa que iba a tener aún no había empezado.

El trabajo del hombre almohada era hacer que ese niño o niña se suicidara, y así evitar los años de dolor que los llevaría, de todos modos, al mismo lugar: frente a un horno, frente a una pistola, frente a un lago.

-“¡Pero nunca escuché de un niño suicidándose!”- podrían decir. Bueno, el hombre almohada siempre sugería que lo hicieran de una manera que se viera como un trágico accidente: les mostraba el frasco de pastillas que se veían como caramelos, les mostraba el lugar del río donde el hielo era más frágil, les mostraba la bolsa de plástico que no tenía agujeros para respirar y exactamente como ajustarla…

Pero no todos los niños querían seguir al hombre almohada. Hubo una niña, muy alegre, quien realmente no creyó cuando éste le dijo que su vida podría ser horrible, que su vida sería así… Entonces lo echó y el hombre almohada se fue llorando a mares.

A la noche siguiente la niña escuchó un golpe en la puerta de su habitación y dijo –“¡Ándate hombre almohada, te he dicho que soy feliz, siempre he sido feliz y siempre seré feliz!”- Pero no era el hombre almohada. Era otro hombre y su mamá no estaba en casa. Y este hombre la visitaba cada vez que su mamá no estaba… Tiempo después ella se puso muy triste, y cuando tenía veintiún años y estaba sentada frente al horno a punto de suicidarse, le dijo al hombre almohada: – “¿Por qué no trataste de convencerme?”- Y él le respondió – “Traté de convencerte, pero eras demasiado feliz”- Y la niña, mientras encendió el gas, gritó lo más fuerte que pudo: -“¡Yo nunca he sido feliz!”-

Cuando el hombre almohada tenía éxito en su trabajo, un niño moría de forma horrible. Y cuando el hombre almohada no tenía éxito, un niño tendría una horrible vida, crecería, sería un adulto que tendría una vida horrible, y moriría de forma horrible. Por esta razón, el hombre almohada lloraba todo el día.

Fue así que decidió hacer su último trabajo: cargó una pequeña lata de nafta y fue hasta un hermoso arroyo que él recordaba de cuando era niño.

Cuando llegó, se sentó bajo un árbol y descubrió que a su alrededor había un montón de juguetes; un autito, un perrito de juguete y un kaleidoscopio. Cerca de allí había una casa rodante y el hombre almohada escuchó la voz de un niño que decía: -“Voy a salir a jugar, mamá”- y la mamá le dijo: -“No vuelvas tarde para tu merienda, hijo”- “No, mamá”-, respondió el niño. El hombre almohada escuchó pasitos que se acercaban… Pero no eran de un niño, eran de un pequeño niño almohada que dijo: -“Hola”- y el hombre almohada dijo: -“Hola”-. Los dos se sentaron bajo el árbol y jugaron un rato con los juguetes… El hombre almohada le contó sobre su trabajo triste y los niños muertos. El pequeño niño almohada entendió enseguida, porque él era un niño muy feliz, y sólo quería ayudar a la gente. Y sin decir una palabra más, el niño almohada se echó encima la lata de nafta y el hombre almohada dijo: -“Gracias”-, el niño almohada dijo: -“No hay problema. Le contas a mi mamá que no voy a volver a tomar el té”- y el hombre almohada dijo mintiendo: -“Sí, por supuesto”-. El niño almohada encendió un fósforo, y el hombre almohada se sentó allí viendo como el niño se quemaba. El hombre almohada, empezó a desvanecerse y lo último que vio fue la boca feliz y sonriente del niño almohada. Lo último que escuchó fue algo que ni siquiera había contemplado. Los gritos de cientos de miles de niños a quienes él había ayudado a suicidarse, volviendo a la vida y teniendo que seguir adelante con sus frías y desdichadas vidas porque él no había estado allí para prevenirlos. Hasta escuchó los gritos de sus muertes, tristemente autoinflingidos, que esta vez, claro, iban a tener que cometer completamente solos.

El autor de la obra es un Irlandés que esta desde hace unos años haciendo bastante ruido, se llama Martin McDonagh.

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