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Azucar en los labios 24 diciembre 2010

Posted by alquimista78 in Cuento.
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“Hoy, en la ciudad, en la gran ciudad, todos, absolutamente todos, se despertaron con granos de azúcar en los labios”, pero…sólo se dieron cuentan, aquellos, que al despertarse se besaron”

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Avioncitos de papel 15 diciembre 2010

Posted by alquimista78 in Cuento.
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Cuando yo era pequeño, conocí a una niña con unos grandes ojos negros. Íbamos juntos a clase y ella siempre me miraba pero yo nunca le decía nada porque era muy tímido.
Un día, cuando volví del recreo, ella había dejado un avioncito de papel encima de mi pupitre. Yo la miré, ella ya me miraba y sonrió, pero no le dije nada porque era muy tímido.
Pero el segundo día había dejado dos avioncitos de papel. La volví a mirar, me volvió a sonreir, pero nada, seguí sin poder decirle nada.
¿Al tercer día? Al tercer día el pupitre estaba lleno de aviones de papel.
¿La clase? La clase estaba llena de aviones de papel.
¿El colegio? El colegio lleno de aviones de papel.
Entonces no tuve más remedio que buscarla y la busqué y cuando la encontré le dije:
¿Por qué?¿Por qué me regalas tantos aviones de papel?
Y ella me contestó:
Porque tú
Tú eres
mi cielo.

(de Félix Calatayud)

Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines 11 diciembre 2010

Posted by alquimista78 in Cuento.
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Hoy me contaron el siguiente cuento de un escritor venezolano (Aquiles Nazoa).

Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines.

Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo.

Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. El entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo.

¡Qué caballo tan agradable!

A nosotros cuando más nos gustaba verlos era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahi vistiéndose de alfombra por todas partes que pasaba.

Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera gustado darle un paseíto a uno, pero quien se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente.

Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.

Ese caballo si se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el Señor Presidente de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.

Que caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo traían para que se comiera la plaza, el sabia que en el pueblo había mucha gente necesitada de todo lo que alli le servían, y no se comía sino a los músicos.

Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo.

Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran su comida decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas con el rabo.

Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.

Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que también dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo.

¡Así era de bonito ese caballo!

Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba por el culito eran rosas?

Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le devolvía sus jardines al pueblo.

Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra mundial que había ahí, diciéndole: mira caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no se quien, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tu sabes que uno defiende.

Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayo a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón.

La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no hubiera quedado a quien venderle el campo de batalla.

Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía jardines, la tierra se cubrió de flores.

Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste, ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenia ninguna gracia.

Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines, el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes también, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta.

Lo que ella estaba diciendo dentro de ella con ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho.
Eso no es gracia; cualquiera pude oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.

Qué iba a hacer, le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida, le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha?

El día que se casaron, como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado, le regaló como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro.

Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo, y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pinto en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: “Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines”.

El hombre almohada 1 agosto 2008

Posted by alquimista78 in Cuento, Personales.
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Hace 14 días que me ausento de mi casa. Lo único que extraño es mi cama, no mentira también extraño a ciertas personas como a mis amigos y a Edu (aclaro el orden es totalmente aleatorio).

La cuestión es que la semana pasada estuve en la Falda, Córdoba en una escuela (Biomat) y esta semana en Buenos Aires en un curso de bioinformatica.

Buenos Aires está infectado de Chilenos, levantas una piedra y te encuentras con uno. En donde estoy parando (por San Telmo) el 80% son Chilenos, el resto está repartido entre norteamericanos, ingleses, alemanes, holandeses (me pregunto ¿no venden desodorantes en Holanda?) y yo de acá, bien Arrrgggentino (como decía Jorge Luz personificando a la tota, o era la porota? Bahhh da igual).

A parte del abanico de extranjeros que adornaban la ciudad, lo que hace más colorido a Buenos Aires son los porteños. Por ejemplo en el curso que tomé muchos se descalzaban mientras escuchaban al docente, cuac dije yo; mirá debe ser una moda de los freakys matemáticos, pero nó, en el teatro sentado al lado mío había unos porteños que hicieron lo mismo. Otra cosa que me llamó la atención es que vi a muchos con morral, pero no cualquier morral, uno de cuero de color marrón claro con dos rayas verticales una blanca y otra de un marrón más oscuro. Estuve a punto de preguntarles en donde lo regalaban porque era super habitual en la calle.

Como ya les adelanté en líneas anteriores, ayer por la noche fui al teatro, una de las salidas que más me gusta cuando vengo a Baires.

Vi “The pillowman” y realmente me encanto, de lejos la mejor obra que vi en este año. Me sorprendió Echarry gratamente. No habló de forma jadeante como lo hace en las novelas para hacerse el galán. Carlos Belloso haciendo de retrasado espectacular, creo que otro no hubiera podido hacer tan bien a este personaje. Los policías Carlos Santamaría y Vando Villamil también se destacan en la obra.

Como algunos ya saben amo el humor negro y justamente esta obra juega mucho entre lo cómico (casi absurdo de algunas situaciones) y lo trágico como es el abuso de niños y las consecuencias y las secuelas que dejan en un adulto.

La Historia gira en torno a una situación base: un escritor jóven, Katurian, abre la escena en el momento en que acaba de ser detenido para un interrogatorio por dos policías típicos, llenos de arrogancia, burlas y amenazas. Se lo acusa de haber instigado (¿o cometido?) varios horrendos asesinatos de niños que involucran también a su hermano Michal, débil mental. Katurian escribe cuentos tétricos, breves alegorías que parecen nutrirse de la sustancia tradicional del relato para chicos pero que encierran en su devenir y remate una viscosa perversidad. Los policías atesoran todos los originales y los han usado como pistas para recorrer un intrincado sendero psicótico. Sus conclusiones y los recuerdos del Katurian remiten a escenas complementarias -pero no secundarias- donde los padres de ambos hermanos, la triste enfermedad de Micha y por encima de todo, la muerte son protagonistas. (Por Rómulo Berruti)

Uno de los cuentos que se relatan en la obra es el que le da, justamente, el nombre a la misma “El Hombre almohada” y se los paso a contar:

Había una vez… un hombre, que no se parecía a los hombres normales.

Medía casi 2 mts. Y medio de alto y estaba totalmente hecho de almohadas esponjosas color rosa; sus brazos eran almohadas, sus piernas eran almohadas y su cuerpo era una almohada. Sus dedos eran pequeñas almohaditas y su cabeza era una gran almohada redonda. Sus ojos eran como dos botones y su boca era grande y sonriente. Hasta se le podían ver los dientes, que también eran pequeñas almohaditas blancas.

Bien, el hombre almohada tenía que verse suave y seguro porque su trabajo era muy triste y difícil…

En los momentos en los que alguna persona estaba muy triste porque había tenido una vida atroz y solo quería terminar con ella; sólo quería quitarse la vida para así deshacerse del dolor, con una hoja de afeitar, con una bala, inhalando gas, o saltando de algún lugar muy alto … Exactamente en ese momento, el hombre almohada lo encontraba, se sentaba a su lado, lo abrazaba suavemente, y le decía: -“Espera un momento”- y extrañamente el hombre almohada volvía el tiempo atrás, cuando esa persona era apenas un niño y la vida horrorosa que iba a tener aún no había empezado.

El trabajo del hombre almohada era hacer que ese niño o niña se suicidara, y así evitar los años de dolor que los llevaría, de todos modos, al mismo lugar: frente a un horno, frente a una pistola, frente a un lago.

-“¡Pero nunca escuché de un niño suicidándose!”- podrían decir. Bueno, el hombre almohada siempre sugería que lo hicieran de una manera que se viera como un trágico accidente: les mostraba el frasco de pastillas que se veían como caramelos, les mostraba el lugar del río donde el hielo era más frágil, les mostraba la bolsa de plástico que no tenía agujeros para respirar y exactamente como ajustarla…

Pero no todos los niños querían seguir al hombre almohada. Hubo una niña, muy alegre, quien realmente no creyó cuando éste le dijo que su vida podría ser horrible, que su vida sería así… Entonces lo echó y el hombre almohada se fue llorando a mares.

A la noche siguiente la niña escuchó un golpe en la puerta de su habitación y dijo –“¡Ándate hombre almohada, te he dicho que soy feliz, siempre he sido feliz y siempre seré feliz!”- Pero no era el hombre almohada. Era otro hombre y su mamá no estaba en casa. Y este hombre la visitaba cada vez que su mamá no estaba… Tiempo después ella se puso muy triste, y cuando tenía veintiún años y estaba sentada frente al horno a punto de suicidarse, le dijo al hombre almohada: – “¿Por qué no trataste de convencerme?”- Y él le respondió – “Traté de convencerte, pero eras demasiado feliz”- Y la niña, mientras encendió el gas, gritó lo más fuerte que pudo: -“¡Yo nunca he sido feliz!”-

Cuando el hombre almohada tenía éxito en su trabajo, un niño moría de forma horrible. Y cuando el hombre almohada no tenía éxito, un niño tendría una horrible vida, crecería, sería un adulto que tendría una vida horrible, y moriría de forma horrible. Por esta razón, el hombre almohada lloraba todo el día.

Fue así que decidió hacer su último trabajo: cargó una pequeña lata de nafta y fue hasta un hermoso arroyo que él recordaba de cuando era niño.

Cuando llegó, se sentó bajo un árbol y descubrió que a su alrededor había un montón de juguetes; un autito, un perrito de juguete y un kaleidoscopio. Cerca de allí había una casa rodante y el hombre almohada escuchó la voz de un niño que decía: -“Voy a salir a jugar, mamá”- y la mamá le dijo: -“No vuelvas tarde para tu merienda, hijo”- “No, mamá”-, respondió el niño. El hombre almohada escuchó pasitos que se acercaban… Pero no eran de un niño, eran de un pequeño niño almohada que dijo: -“Hola”- y el hombre almohada dijo: -“Hola”-. Los dos se sentaron bajo el árbol y jugaron un rato con los juguetes… El hombre almohada le contó sobre su trabajo triste y los niños muertos. El pequeño niño almohada entendió enseguida, porque él era un niño muy feliz, y sólo quería ayudar a la gente. Y sin decir una palabra más, el niño almohada se echó encima la lata de nafta y el hombre almohada dijo: -“Gracias”-, el niño almohada dijo: -“No hay problema. Le contas a mi mamá que no voy a volver a tomar el té”- y el hombre almohada dijo mintiendo: -“Sí, por supuesto”-. El niño almohada encendió un fósforo, y el hombre almohada se sentó allí viendo como el niño se quemaba. El hombre almohada, empezó a desvanecerse y lo último que vio fue la boca feliz y sonriente del niño almohada. Lo último que escuchó fue algo que ni siquiera había contemplado. Los gritos de cientos de miles de niños a quienes él había ayudado a suicidarse, volviendo a la vida y teniendo que seguir adelante con sus frías y desdichadas vidas porque él no había estado allí para prevenirlos. Hasta escuchó los gritos de sus muertes, tristemente autoinflingidos, que esta vez, claro, iban a tener que cometer completamente solos.

El autor de la obra es un Irlandés que esta desde hace unos años haciendo bastante ruido, se llama Martin McDonagh.

El imbécil (Relato corto 2/3) 22 marzo 2008

Posted by alquimista78 in Cuento.
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Capítulo 2

Sobre el Imbécil

 

Su familia sí se asemejaba a la de los cuentos, por lo menos en apariencia, su mujer una cosmetóloga que nunca ejerció su profesión, siempre trabajó en una dependencia pública. Sus dos hijos, el mayor de 15 años, Joaquín un virtuoso de la pelota, o eso es lo que pensaba su padre (en realidad no era más que otro joven del montón) y Lisandro, 2 años menor que Joaquín, era el revoltoso de la familia con sus ocurrencias descontracturaba la acartonada y estricta vida de la familia. A la cabeza de la familia estaba Tomás un ex militar que llevaba adelante una agencia de seguridad, la cual le redituaba bastante bien ya que disfrutaba de su trabajo y además monetariamente le iba muy bien.

Él provenía de una familia aristocrática devenida a menos, su padre también militar, la única vez que demostró afecto por su hijo fue cuando Tomás terminó el liceo, se acercó y le dio una palmada en la espada y le dijo “te felicito, ahora sí sos digno de portar mi apellido, Garciarena”. También le dejó una lección que nunca se olvidó, “los negritos de la calle son capaz de cualquier cosa con tal de sacarte lo que es tuyo, pueden hasta matar a su propia madre, si es que reconocen quien es, con tal de obtener lo que quieren”.

Tras la apariencia de familia ideal, el patriarcado que ejercía Tomás sobre toda su estirpe había erosionado su relación con todos los integrante. El mayor de los hijos se sentía totalmente presionado, en él recaía todas las frustraciones que el padre tuvo cuando era chico con lo cual siempre debía ser un ganador no era admisible una derrota. El más chico era el rebelde, el que no cuadraba en la familia que Tomás quería para él, esto hacía que en lo más profundo de su ser se sintiera arrepentido cuando su mujer Alicia le propuso tener otro hijo, “buscar la nena”, esa fueron sus palabras. Como la vida en general juega con los deseos de la gente, Tomás y su mujer años más tarde vieron cumplido, en parte, su deseo cuando Lisandro les contara que era gay y que se iba de la casa. La relación con Alicia no era para nada buena, tenían relaciones sexuales solamente una vez a la semana, los sábados por la tarde cuando los chicos no estaban en casa, y estas consistían en acostarse uno arriba del otro y él movía casi como convulsionando todo su pesado cuerpo, mientras ella abajo sin pronunciar palabras casi inmóvil por el peso que tenía encima recordaba los viejos tiempos en que el la miraba, la tocaba, la besaba, pronunciaba dulces palabras al oído, antes de ser penetrada. Ella pensaba que ya no la quería, la relación era una rutina, él no la miraba prácticamente. Una semana de enero decidió cambiarse 4 veces el color de su pelo y él ni siquiera se dio cuenta. El único que no se daba cuenta de la infelicidad que se gestaba en cada uno de los integrantes de su familia era Tomás, estaba convencido que todo era correcto en su vida, típica característica de imbécil.

 

El imbécil (Relato corto 1/3) 4 marzo 2008

Posted by alquimista78 in Cuento.
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Capítulo 1

Sobre el negrito

Su niñez no fue como aquellas que se leen en los cuentos, en la cual la madre cocina galletas y espera a su niño al llegar de la escuela con la merienda preparada, o en el cual el padre comparte juegos con su hijo el fin de semana. A la edad de 3 años su madre, una alcohólica, murió de cirrosis. Nunca recibió de ella ni un beso ni una caricia, sobre todo cuando la enfermedad de Dupuytren afectó sus manos. A su padre, nunca lo conoció. El había nacido fruto de una relación que tuvo se madre, bajo el influjo del alcohol, con un extraño que había conocido en un bar.

Hasta cumplir los 11 años vivió en un orfanato dirigido por el padre Luis, un agustino de 57 años de edad, de cejas tupidas y pómulos prominentes. Él cumplía tan bien su trabajo, de velar por sus niños, que por la noche cuando todos dormían entraba en sus habitaciones y realizaba un ritual de purificación sexual con los supuestos niños impuros. En los momentos del ritual, Juan intentaba no pensar en la situación desagradable por la que estaba pasando, soñaba con volar, volar lejos, flotar por el aire ser más liviano que una pluma, que el viento lo arrastre lejos muy lejos del orfanato. En general cuando terminaba de volar el padre ya no estaba en su habitación, esto lo relajaba y le permitía dormir, hasta que nuevamente lo atormentaban nuevas pesadillas.

Su vida dio un vuelco la noche en que el padre Luis se dejó llevar por los impulsos más bajos y rasgó su espalda con el cilicio que usaba en su muslo para evitar tener pensamientos impuros. La sangre brotaba a borbotones y el dolor le producía espasmos y arcadas que terminaban en vómitos. Luis sin otro remedio llevó a Juan al hospital Rivadavia en donde lo asistieron inmediatamente. Mientras interrogaban al padre, Juan se juró no volver al orfanato, salió por una puerta trasera y se perdió entre los heridos de un accidente que llegaban en camillas a la guardia. Se escondió bajo la única camilla que estaba tapada con una sábana manchada de sangre.

Cuando sintió que la camilla no se movía, esperó un instante hasta que los ruidos de la habitación en donde se encontraba se apagaron, entonces levantó la sábana que le permitía ocultarse y pudo ver en donde se encontraba. La habitación era bastante oscura y fría, las paredes estaban cubiertas por azulejos de un color marfil. Había dos mesadas de acero inoxidable y varias heladeras al lado izquierdo. Al salir de su escondite arrastró consigo la sábana que cubría la camilla y a su acompañante. Este acto dejó al descubierto al cadáver de un niño que poseía algunos cortes en su rostro. Juan no se asustó, él ya había estado en presencia de la muerte antes, había estado conviviendo 3 días con el cadáver de su madre hasta que un vecino lo encontró casi desnutrido.

En el trayecto desde la morgue hasta la salida del hospital su cabeza estaba a mil, aunque lo acosaban miles de preguntas, sintió un alivio grande al pensar que no volvería nunca más al orfanato.

Caminó unas cuantas cuadras en dirección contraria al orfanato hasta llegar a la plaza San Martín, allí pudo comprobar que no era la única alma que deambulaba solo por la noche. Había un grupo de chicos acostados cerca del monumento sobre cartones con un bolso haciendo de almohada. Pensó que lo mejor era seguir y fue a parar al carro de bomberos construido con madera de color rojo, desgastado por las inclemencias del clima, que en el día era atracción para niños que disfrutaban de la plaza. Allí se quedó dormido, por primera vez sintió que era libre que podría dormir sin que las pesadillas nocturnas lo acosen.

El arte de la tortura 12 enero 2008

Posted by alquimista78 in Actualidad, Costumbres, Cuento, Tradiciones.
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El preparativo había comenzado 24 horas antes. Hacía un día que lo mantenían a oscuras. Le colgaron sacos de arena durante horas, le golpearon en los testículos y los riñones y le provocaron una copiosa diarrea para que llegue al “espectáculo” débil y desorientado. La grasa que le habían untado en los ojos le dificultaba la visión.  Sentía un fuerte ardor en las patas que le impedía mantenerse quieto, quizás debido a la sustancia que le habían esparcido unos minutos antes.

La hora había llegado y él debía salir al ruedo. Cuando abrieron la puerta donde lo tenían encerrado, la luz y el griterío de la gente que asistió al “espectáculo” cumplió su cometido, aterrarlo. Intentó escapar saltando las barreras, pero no lo logró.

Al ver la energía que poseía, el torero hizo una seña al picador que estaba esperando en su caballo. El primer impacto de la lanza perforó su lomo y le destrozó músculos y lesionó vasos y nervios, el dolor fue inconmensurable. Pero esto era recién el comienzo de un largo camino de sufrimiento.

Intentando calmar el dolor se acercó al torero que con un movimiento casi de baile le hincó la primera de tres banderillas.  Estas tenían como fin asegurar que la hemorragia causada por las lanzas de los picadores continúe y prolongue el desgarre y ahondamiento de las heridas internas.

El dolor se intensificó, sintió como si miles de vidrios se le clavaban en la carne desde adentro hacia afuera.

Luego de la tercera banderilla que llevaba clavada en su lomo la pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal eran tan graves que le impedían levantar la cabeza de forma normal. Esto facilitó el acercamiento del torero, que al comprobar que se encontraba exhausto y moribundo, comenzó a pavonearse con pases artísticos al son de los aplausos y el ole del público.

El torero extrajo un brillante objeto, el cual no pudo distinguir precisamente que era, hasta que la sintió en su cuerpo. La espada de 80 cm se introdujo en la carne destrozándole un pulmón y su hígado. La suerte no estaba de su lado, su vida podría haber acabado ahí, en ese preciso instante si el arma hubiera atravesado alguna arteria principal.

A pesar del dolor que sentía, se resistió a caer y en un intento desesperado por sobrevivir se encaminó penosamente hacia la puerta por donde lo hicieron entrar buscando una salida a tanto sufrimiento. Cuando estaba a unos pocos metros nuevamente el dolor se apoderó de su cuerpo. Lo habían apuñalado por la espalda en una forma cobarde. La nueva arma era el “descabello”, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cm.

En ese momento cayó abatido pero no por voluntad propia, sino porque sus patas no le respondían, la cuchilla le había seccionado la médula espinal a la altura de las vértebras atlas y axis. Sin poder moverse tendido en la arena envuelto en un charco de sangre que no solo emanaba de las heridas sino también de su boca, percibió como era arrastrado a través de la puerta de entrada y poco a poco el dolor y su vida se fueron apagando.

 

Toro

 

INTERNATIONAL MOVEMENT AGAINST BULLFIGHTS

Amores a primera vista 28 septiembre 2007

Posted by alquimista78 in Cuento.
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Estimados lectores y amigos (hoy por hoy ambas palabras están resultando para mí, sinónimos) acá ando bastante mejor al igual que mi abuelo (igualmente no es el mismo de antes, pero creo que es el proceso de recuperación). Estoy programando en R (un programa de estadística que está surgiendo con bastante fuerza) para darle una mano a mi compañera de trabajo y amiga Paulis que debe presentar un trabajo práctico para su maestría. Estoy en el comedor y mi vieja está planchando cerca. Ella está viendo Susana en la tele. Susana está haciendo un reportaje a Ari Paluch, el cual se encuentra con su familia. Ari comenta que conoció a su mujer de una manera particular el estaba hablando con un amigo y pasó su mujer, él inmediatamente se enamoró de ella a primera vista y le comentó a su amigo que se casaría con esa persona que pasó ese día en particular por su vida. El tiempo y la perseverancia y por supuesto el amor dio sus frutos y ellos el día de hoy están juntos.

Este relato me recordó un cuento de Ismael (si ya se, ¡como rompo con Ismael!, prometo que durante un tiempito no publico nada más de él). El cuento se llama Dulce Carola, una historia de amor, de desamor, de fantasmas, de oportunidades, de segundas oportunidades, de valor, de timidez, etc.

Les advierto para aquellos que no tienen paciencia que la historia es larga, pero realmente vale la pena, la voz de Ismael, la música, todo está muy bueno.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

 

Como plus les puedo comentar que se realizó una película Argentina sobre esta historia en la cual Ismael también actúa. La peli se llama “El hombre que corría tras el viento”.

Saludos

 

Representante oficial de la mala suerte 3 agosto 2007

Posted by alquimista78 in Cuento, Mala Suerte.
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Estimados lectores y amigos me he ausentado estos días (Emi, no estaba metido en ningún agujero) ya que como es habitual en estos últimos meses he recibido una noticia que me puso otra vez en esa situación horrible que es la depresión (Yo antes no era así). La noticia llegó el viernes. Parece que no me voy a la madre patria. Sí, como lo leyeron, no me voy a España; ahora les cuento:

El año pasado me había inscripto en una beca para realizar mis estudios de postgrado en España, para lo cual llené formularios extensísimos y jodí a gente para que sean mis referentes, envié papeles de todo tipo esperando que dicho esfuerzo y dedicación dieran sus frutos. El día 2 de junio pasado pude cosechar algo de lo sembrado ya que me informaron por correo electrónico que había salido favorecido con una beca, la cual cubría los gastos de matrícula, un monto de 1500 euros mensuales, servicio médico, seguro, etc todo esto por dos años que duraba la carrera. Pero ….(siempre hay un pero) me informaban que la carrera que había elegido no se encontraba dentro de la lista de carreras oficiales de la comunidad europea (porque no aparece ahora como master oficial, dado que cuando yo completé la inscripción de la beca si aparecía?, esa es otra historia, burocracia a lo español), con lo cual me incitaban a que me inscriba en otra que posea las mismas características. En ese mismo instante comencé a buscar y encontré, mi rumbo cambiaría de Madrid a Barcelona. Nuevamente a llenar formularios enviar documentación, conseguir director y a esperar a que la nueva universidad me acepte como alumno regular de la carrera.

Como ya les adelanté la noticia llegó el viernes, quedé en la lista de suplentes con lo cual es poco probable que pueda asistir, la única opción es que alguien de los aceptados se baje. Los tiempos se acaban para informar al ente que otorga la beca sobre el cambio y necesito si o si una carta en la que se especifique que soy alumno regular, con lo cual supongo que perderé la tan preciada beca.

Mi pregunta ahora es ¿existe la mala suerte? En principio podría decir que si y que yo soy el representante oficial (les conté algo de muchas cosas que me pasaron en estos meses). Hay momentos en que siento que soy como el rey midas pero a la inversa. Que soy como ese dibujo animado al cual lo seguía la nubecita negra y le llovía solo a él, se acuerdan?

Pero ahora ya un poco más repuesto creo que es solo una racha mala por la que estoy pasando que en algún momento tiene que pasar (espero que sea pronto), que estas rachas son simplemente oportunidad que me está dando la vida para poder crecer (esto lo puedo reflexionar ahora ya más tranqui y con los consejos de Diego, gracias por todo viejo te voy a extrañar cuando te vayas a Brasil).

Me despido de ustedes por hoy con este cuento escrito por un anónimo y les dejo una canción:

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.

Un día el hijo le dijo:

– ¡Padre, qué desgracia! ¡Se nos ha ido el caballo!

– ¿Porqué le llamas desgracia? – respondió el padre -Veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regresó acompañado de otro caballo.

– ¡Padre, qué suerte! – exclamó esta vez el muchacho -Nuestro caballo ha traído otro caballo.

– ¿Porqué le llamas suerte? – repuso el padre -Veamos qué nos trae el tiempo…

En unos cuantos días más el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo.

El muchacho se quebró una pierna…

– ¡Padre, qué desgracia! – Exclamó ahora el muchacho -¡Me he quebrado la pierna!

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría sentenció

– ¿Porqué le llamas desgracia? -Veamos lo que trae el tiempo…

El muchacho no se convenció de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama.

Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra.

Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo.

 

 

Maldita Suerte (Víctor Emanuelle y Sin Bandera)

http://www.goear.com/files/sst3/8ef44ed7ec1319d4b34de2f8c73b006a.mp3″

Un rayo de luz para esos días oscuros de soledad 22 julio 2007

Posted by alquimista78 in Cuento, Soledad.
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Estimados lectores hoy me he levantado bastante bajoniado, sin fuerzas para levantarme de la cama. Anoche antes de acostarme hice un balance de mi vida y me vinieron solo cosas malas, a pesar de que también he pasado por cosas muy buenas. Pero cuando el fantasma de la depresión me visita veo todo gris oscuro. En estos momentos me siento solo (es uno de los temores más grandes que sufro cuando me deprimo, tengo pánico a la soledad, no me gustaría morir solo sin alguien que te ha querido a tu lado) y no hago nada por remediarlo me aislo más, no quiero que la gente de mi alrededor cargue con mis locuras.

Navegando por un blog de María he leido el siguiente cuento Sufí que ha enviado un rayo de luz en este día oscuro, lo quiero compartir con ustedes:

 

EL ANILLO

-Vengo maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no hago nada bien, que soy torpe, nadie me quiere por eso estoy solo.

 

¿Cómo puedo mejorar?¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después… -Y haciendo una pausa agregó: -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y tal vez después pueda ayudar.

 

-E… encantado maestro -titubeó el joven, pero sintió que otra vez era -Bien -asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba puesto en el dedo pequeño de la mano izquierda y se lo dio al muchacho, agregó: -toma el caballo que está ahí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa lo más rápido que puedas.

 

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara, hasta que un viejito se tomó la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

 

Después de ofrecer su joya a todo el que se cruzaba en su camino, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Entró a la habitación, donde estaba el maestro, y le dijo: -Maestro, lo siento pero no es posible conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie respecto al verdadero valor del anillo.

 

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro -Debemos primero saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. No importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

 

Llegó a la joyería, el joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó, y luego dijo: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

 

-¿Cincuenta y ocho monedas? – exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero -Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

 

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo.

 

-Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única.

 

Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.

 

¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

 

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.